Por Cecilia Fuentes, colaboradora de La Radioneta
Acabo de ver un posteo de un comunicador local de mi ciudad con una “denuncia” de mujeres extranjeras que vienen a parir “gratis” a mi ciudad (llena de extranjeros por su condición de limítrofe)
Seguramente después, el domingo, ese mismo ser (hijo de una madre, que quizás cuánto pagó por su parto, por cierto) pondrá un lindo saludo, adornado de flores, PARA TODAS LAS MAMIS DEL MUNDO EN SU DÍA.
Porque para que estamos con cosas: este día de la madre pareciera ser el momento reivindicatorio de las que hacemos el rol de madre, el momento en que somos reinas, las más lindas, las mejores, las más dignas de un homenaje “más que merecido”.
Y desde mi experiencia como mamá desde hace 21 meses, pienso que todo eso no es más que el momento en que esta sociedad construida desde la fuerza patriarcal expurga todas sus culpas por el trato hacia las madres día tras día, en todos los niveles de nuestra vida social.
Porque qué lindas son las mamás hasta que son un cacho en el sistema de salud, esas caras mujeres en edad fértil, que tanto dinero nos cuestan, que horror; porque son una molestia con sus críos en la micro, en el avión, qué se creen que no me dejan sentarme y más encima debo hacerme el amable; esas mujeres en el trabajo que se toman tantos meses para parir, que complicación, y más encima no las podemos despedir, y las muy hasta se embarazan a propósito para que no las echemos, que viles. Que lindas son las embarazadas hasta que les vemos las estrías y la piel flácida (que asco!) por guardar dentro de ella una nueva vida.
Y nos rodean de rosas y flores como si fuéramos una imagen sagrada, esa mentira sagrada que sirve para las tarjetas pero no para simpatizar con la que está al lado. Porque nos pintan que las madres debemos ser la bondad, cuando siento que ser madre es lejos lo más rudo que me ha pasado en la vida: desde los dolores de la espera, pasando por el haber sacado un ser humano desde mis entrañas y llegando a ese periodo de confusión e incomprensión llamado puerperio, donde todo es entrega, dedicación, sacrificio y pobre que no la hagas porque ahí entrarás al infierno de las que se negaron a ser madres, de las que los dejaron, de las que los entregaron, de las que no supieron que hacer con tanta responsabilidad… pero de comprenderte por lo que estás pasando, mejor ahorrar palabras y tildarte de histérica. Es más sencillo. No nos compliques más.
Tanto castigo rodeando la labor más hermosa y trascendental de la especie humana: la de traer y criar nuevos humanos. Mi hijo me abrió el futuro como nunca antes lo había visto, le dio sentido a mi pasado y me definió el presente como una oportunidad de aprendizaje invaluable que aprovecho de la mejor forma posible en mi finita humanidad.
Pero qué rabia sienten mis entrañas de mamífera cuando tengo que ver tanta hipocresía, tanto doble estándar, tanta mentirilla barata en esos saludos cínicos, cuando el resto del año ocupan la misma concha que los parió para sacárselas a sus enemigos como el peor de los insultos.
Reinas por un día, estúpidas por el resto de la vida.
Así, no quiero ningún regalo.
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